El Parvovirus canino (comunmente llamada simplemente Parvo ), se caracteriza por ser un virus muy estable en el medio ambiente, es decir que es capaz de resistir fuera de un organismo vivo mucho tiempo y altas temperaturas y rangos de pH, además de ser resistentes a algunos desinfectantes comunes y, por tanto, pueden sobrevivir durante meses en zonas contaminadas.
Hay razas demostradamente más sensibles a la enfermedad como el pit bull, el doberman, pastor alemán y el rottweiler. Por otra parte el cocker spaniel y el caniche miniatura parecen tener menos riesgo de padecer la enfermedad. Los cachorros en general son los más sensibles (sobretodo entre las 6 y 20 semanas de vida), no obstante, es posible el contagio y desarrollo de la enfermedad en perros adultos, teniendo éstos más posibilidades de superarla con éxito.
El virus puede transmitirse por contacto con otros perros infectados, ya que los perros que, incluso han superado la enfermedad, continuan como portadores hasta 3 semanas después. También es posible la contaminación a partir de zonas contaminadas por animales enfermos o portadores.
El período de incubación de la enfermedad después del contagio es de 3 a 8 días. Los perros que padecen la forma entérica más común de la enfermedad, presentan letargo, posible fiebre, anorexia, vómitos y diarrea. Las deposiciones son líquidas, con un olor característico fuerte y pueden contener sangre o moco.
No existe un tratamiento específico que pueda eliminar el virus. Muchos perros se recuperan a los pocos días con un tratamiento de mantenimiento adecuado que impida la deshidratación del animal , de forma que la fluidoterapia intravenosa será muy recomendable. Si presentan vómitos persistentes pueden controlarse con medicación. Los signos clínicos entéricos pueden desaparecer más rápidamente si se administra una medicación antiinflamatoria.

